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Revolutionary Road

La trama muestra los azares inexorables a los que nos arrastra la rutina. Nadie está exento, ninguno de nosotros nos encontramos a salvo, todos podemos desviarnos por la senda de la infelicidad, todos somos susceptibles de caer en la monotonía y en la falta de cuestionamiento.

April (Kate Winslet) y Frank (Leonardo Di Caprio) viven en un matrimonio asentado en el convencionalismo. Los efluvios del enamoramiento se han evaporado, las ilusiones de los primeros años de relación ya no existen y la vida ya no es vida, sino la más primaria de las subsistencias. Es una vida abúlica condenada a la desidia, una vida de la que resulta imposible escapar, una vida dirigida por los parámetros de una sociedad que no permite la llegada de la verdadera felicidad.

En apariencia, se muestra a la pareja perfecta. Llevan la vida deseada por cualquier individuo perteneciente a la clase media americana. Pero ellos ya no son individuos; la masa los ha sepultado, desmoralizado, los ha convertido en seres ajenos a ellos mismos: son los individuos que la sociedad quería que fueran. Lo único que queda es una vida que parece ficcionalizada, recreada, construida y reconstruida permanentemente hasta conseguir amoldarla a lo que la sociedad les permite vivir o más bien a lo que la sociedad les exige vivir. Sin embargo, hay algo que la sociedad no ha podido arrebatarles: la conciencia profunda de estar atrapados en una vida permanentemente infeliz.

¿Realmente somos libres? ¿somos dueños de nuestras vidas? ¿otro modo de vivir es posible? ¿podremos alcanzar esa felicidad tanto deseada? Éstas son algunas de las preguntas que los personajes se preguntan a lo largo de la historia. Su vida, aunque infeliz, sigue dejando espacio para los pensamientos, para los sentimientos, y sobre todo para el anhelo de conseguir la vida que siempre pensaron que vivirían.

A través del flashback conocemos los inicios de su romance, los sueños, el ansia inconmensurable de comerse el mundo. Sin embargo, las estelas del tiempo han carcomido todo conato de ilusión y ahora, lo único que queda es una vida impostada y vacía de la que resulta imposible escapar. Son los grilletes de la realidad, de una realidad que nos golpea día a día con nuevos soplos de desaliento.

No somos nadie si no nos cuestionamos el mundo en el que vivimos, si no nos paramos a pensar hacia dónde queremos dirigir nuestra existencia. Y aquí encontramos la maravilla de la cinta, en la capacidad que tiene para adentrarse en nuestras entrañas hasta lograr que nos cuestionemos el sentido de nuestra propia existencia.
Esta historia no es una historia excepcional, no tiene una trama intrépida y sin embargo, el realismo que destilan los personajes convierte la cinta en una auténtica indagación en la psicología humana.

La calle de la revolución está cortada, cerrada por derribo. Lo único que queda es la esperanza de una profunda reconstrucción que permita al individuo escapar de la asfixiante realidad y vislumbrar un futuro esperanzador en el que la felicidad sea posible.

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